Crisis, crisis, crisis. Es la palabra más repetida en los últimos tiempos. Exclamada continuamente por todo el mundo, repetida una y otra vez durante las veinticuatro horas del día por medios de comunicación, políticos, empresarios, sindicalistas y gente común en general. Pero nos equivocamos: no existe tal crisis.

La palabra Crisis proviene del griego krísis ("decisión") y del verbo kríno ("yo decido, separo, juzgo"). Se utiliza para denominar una situación de cambio, donde se modifican algunos de los parámetros que venían condicionando alguna actividad o ámbito: crisis matrimonial, crisis adolescente, crisis política, crisis económica, etc. Lo usual es que una vez superado ese período de cambios, se retorne a una situación más o menos normalizada y similar a la que existía previamente.

Pero no es eso lo que está ocurriendo en la actualidad. Hoy, en los inicios de este nuevo siglo, asistimos a un proceso donde no volveremos a la situación anterior, ni siquiera a algo parecido. Y eso nos afecta como emigrantes de una manera muy acusada.

Un emigrante es un emprendedor decidido a sacar adelante la empresa más valiosa que jamás podrá tener: su vida. Por lo tanto para que ese proyecto pueda llegar a buen término, es imprescindible interpretar correctamente el entorno en que nos movemos, las circunstancias que nos condicionan, la evolución de los acontecimientos a nuestro alrededor y por supuesto los cambios que pueden incidir en el desarrollo de nuestro plan de vida como inmigrantes.

Lo que estamos viviendo no es una crisis. Asistimos y somos protagonistas, a la vez que afectados, de una transformación radical, de una modificación disruptiva de la dinámica en que nos hemos desenvuelto social, política, económica, laboral y familiarmente durante siglos. El fenómeno de la globalización, los continuos y cada vez más rápidos avances tecnológicos, las nuevas formas de organización social, donde la pirámide demográfica comienza a invertirse, con el surgimiento de nuevas monedas, impresoras caseras en tres dimensiones, nuevos organismos vivos creados por el hombre, el derrumbamiento del sistema piramidal en que se han convertido las finanzas estatales, las comunicaciones globales, etc. etc. etc. son signos más que claros, de que no es posible seguir actuando de la forma habitual y como nos enseñaron nuestros padres, en la escuela o incluso en la universidad.

Así que mientras más pronto tomemos conciencia. Cuanto antes asumamos que estamos inmersos en un cambio de paradigmas y esquemas vitales como pocas veces ha ocurrido en la historia de la humanidad, mayores probabilidades tendremos de salir con éxito de la tormenta.

Esto no es una crisis: es probablemente la mayor oportunidad que se nos ha presentado jamás para dar un salto inmenso como grupo humano. Nosotros decidimos si ese salto lo vamos a dar hacia adelante o hacia atrás.

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