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El emigrante es por naturaleza un emprendedor. Ello le impulsa a salir de su lugar de origen para buscar en otros lugares prosperidad y mejoras en sus condiciones de vida.

Durante el transcurso de esa búsqueda con toda seguridad cometerá errores. Se conseguirá con situaciones adversas y complicadas de resolver, cosa que por otra parte resulta normal puesto que se está enfrentando a retos y circunstancias desconocidas, ante las cuales deberá incluso improvisar aunque no sea precisamente esa la mejor manera de afrontarlas. Pero son los avatares que corresponde experimentar a quien ha decidido tomar el toro por los cuernos y buscar nuevos destinos.

Muchos de esos emprendedores inmigrantes o inmigrantes emprendedores, como prefiramos, intentan en ocasiones dedicarse al mismo negocio o actividad comercial que ejercían en el lugar de origen, dando por descontado que si funcionó allá también será un éxito en su nuevo lugar de residencia. Pero desafortunadamente las cosas no funcionan de esa manera.

Si de por sí es complicado, sobre todo en economías avanzadas donde la oferta de servicios y productos es extensa, encontrar una oportunidad de negocio y poner en marcha una empresa, el riesgo que esto conlleva se incrementa en el caso de un inmigrante que decide comenzar a operar por su cuenta, sin contar con los conocimientos suficientes o la experiencia necesaria en el país de destino para que su intento resulte exitoso.

¿Qué pasos debería seguir entonces una persona no lugareña que tenga una nueva idea de negocio o la intención de reproducir lo que ya hacía en su país de origen? Estas pueden ser algunas acciones interesantes:

Emprender un nuevo negocio es una de los retos más apasionantes que alguien interesado en trabajar por cuenta propia puede acometer, eso seguro, pero hagámoslo entonces tomando la mayor cantidad posible de previsiones. Optimismo y prudencia. Planificación y ganas de progresar. No tienen por qué ir reñidas unas con otras. ¡Éxitos!