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Dice el refrán que la experiencia es un grado. Y desde luego que estoy plenamente de acuerdo con ello.

Muchas veces quienes están sopesando la posibilidad de emigrar cuentan con recursos materiales escasos y ello les ocasiona, como es lógico, un gran temor así como les supone un freno para terminar de tomar la decisión y trasladarse a probar suerte en lugares donde la situación es mejor que en sus lugares de origen.

¿Espero un poco más? ¿Dejo transcurrir un tiempo a ver si las cosas mejoran? ¿Me armo de valor y doy el paso? Son las preguntas que se repiten una y otra vez en sus cabezas.

Está claro que lo ideal a la hora de emigrar es hacerlo en circunstancias de holgura económica, contando con un puesto de trabajo acorde con nuestra formación y nivel profesional esperándonos en destino, en posesión de una vivienda que responda a nuestras aspiraciones y así sucesivamente. Pero en la práctica son más bien escasas las ocasiones en que la situación se nos presenta de esta manera.

Si partimos de la base, si la condición de inicio es que contamos con la posibilidad de retornar al lugar de origen – dado el caso - sin mayores problemas si las cosas no resultan como las teníamos previstas, el dinero que podamos invertir – independientemente de la cantidad – será siempre eso: una inversión y no un gasto o despilfarro. Será una suma empleada en el aprendizaje. Llegado el extremo de vernos de vuelta, hagámonos a la idea de que hemos empleado esa cifra en obtener unos conocimientos que tarde o temprano nos servirá para algo. Como mínimo para poder conocer otras costumbres, distintas formas de hacer, vivir y desenvolverse.

Cuando preparemos la maleta, en nuestro equipaje debe sobrar la ilusión, las ganas de salir adelante, la actitud positiva y la convicción de que salga como salga el proyecto que intentamos iniciar, todo lo que aprenderemos y la experiencia que adquiriremos es imposible de pagar con dinero.


¿O nos quedaremos con la eterna incógnita, de brazos cruzados en casa esperándolas venir, especulando acerca de lo que podría haber pasado si hubiésemos emigrado? El no lo tenemos asegurado. El sí tenemos que salir a buscarlo.